miércoles, 2 de octubre de 2013

Este es el sitio que quise revisar y criticar de forma 

constructiva,(http://www.cablemas.com.mx/) y estas fueron 

mis observaciones:

Actualmente CABLEMÁS posee su webpage 

http://www.cablemas.com.mx/, un sitio desarrollado en el año 2008, Cablemás es un proveedor de televisión por cable en partes de México. Junto con SKY México yCablevisión forma parte de los sistemas de televisión restringida de Grupo Televisa. Este sistema cuenta con servicios triple play (video por cable, telefonía e internet). Su señal puede ser tanto análoga como digital, (esta última además cuenta con canales HD). El corporativo tiene su sede en la Colonia JuárezCuauhtémocCiudad de México.


Analísis de F.O.D.A Fortalezas: El contenido del sitio web es claro y sencillo de descifrar 

la información. 


 Es de fácil acceso. Tienen una misión enfocada a la 


satisfacer la atención y la adquisición de servicios del 

cliente.


 Tiene actualizados sus productos
. Contiene diversidad de promociones y opciones de 


consumo

. Especifican los beneficios y los precios de sus productos 

para que el cliente los pueda verificar.


 Oportunidades:

Puede hacer que su página sea mas atractiva.

Colocar videos o reseñas para el mejor entendimiento de lo 


que se ofrece.

Debilidades: 


No presenta debilidades o al menos no al alcance de mis 


criterios.


Amenazas: 



 Los datos y la protección pueden estar en riesgo contra 


amenazas de virus o hackers

Ubicuidad:

Presenta una manera de realizar contratos por medio de 


registros.


Alcance global:



 No es global solo nacional.


Estándares universales: No tiene estándares universales, todo se maneja en un 



mismo idioma y los productos no tienen precios por lo 
 
 

tanto el tiempo de búsqueda es mayor.


Riqueza: 



En escala de del 1 al 100 le pongo como un 85 por 


presentar bastante información y una presentación 


 agradable para la atracción y el fácil acceso de servicios en 


línea. 





Interactividad: Depende de los horarios de contestación de correos.



Densidad de la información: La densidad de la información es suficiente y basta para 


comprender los beneficios de consultar la web antes 

mencionada.


Tecnología social: Cuenta con Facebook, twitter y comerciales de t.v.





Personalización/adecuación: 


 
 Solo sirve para acceder a información y poder realizar 

pagos así que no permite realizar modificaciones para la 


mejor utilización.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Samsung, con problemas en servicio en cadena logística !!

SAN JUAN DEL RIO, Qro.- La firma coreana Samsung sufre por el servicio de sus proveedores logísticos y de transporte en MéxicoLa producción de refrigeradores y lavadoras que producen en la planta de Querétaro se ve afectada en el movimiento de unos 700 contenedores que generan a la semana sobre todo para el mercado de exportación.
En el marco del 11 Encuentro de Transporte y LogísticaVenancio Pérez, vicepresidente de Samsung México, señaló que el principal problema que tiene la empresa es con transportistas y freight forwarders (agentes de carga) por el retraso en tiempo que les genera el manejo de contenedores. “Tenemos problemas por la falta de contenedores para exportación vía marítima y los constantes cambios de fecha de las navieras”, dijo.
Explicó que el principal problema que tienen es porque en su proceso de producción y distribución se elimina el inventario en almacén, pues se trabaja bajo el concepto de fabricación Justo a Tiempo, de ahí que cada minuto es importante en sus tiempos de operación.
Señaló que Samsumg produce al día unos 12 mil refrigeradores y lavadoras, lo que genera un importante trabajo logístico, ya que exportan a países a prácticamente todo el continente americano, además de algunos del Medio Oriente y Oceanía. "Todo lo que producimos es a través de un pedido, no fabricamos nada para inventario", dijo.
La exportación la hacen a través de los principales puertos del país, Manzanillo, Lázaro Cárdenas y Veracruz.
Uno de los principales problemas es que no hay contenedores a tiempo, principalmente por la falta de capacidad de nuestros proveedores en puertos, nuestros freight forwarders brindan un mal servicio, además de que tenemos fallas en el sistema de transporte terrestre.
Señaló que del millón de unidades que producen al año, se exporta el 92%, “por eso es muy importante que tanto los proveedores como el gobierno nos ayuden a mejorar esta logística”, pues explicó que el proceso de manufactura es el mismo en todo el mundo y pueden perder la ventaja que les brinda México en costos de operación por problemas con la cadena de suministro.

martes, 17 de septiembre de 2013

El PE rebaja el límite propuesto a biocombustibles que compiten con alimentos

El Pleno del Parlamento Europeo (PE) propuso hoy que los biocombustibles clásicos, fabricados a partir de cultivos, supongan como máximo un 6 % del consumo energético de la Unión Europea (UE) en el sector del transporte en 2020, un límite menos ambicioso de lo esperado.
"La industria del aceite de palma (utilizado para fabricar estos biocombustibles) ha ejercido una presión realmente indecente", aseguró en rueda de prensa la ponente del informe ante la Eurocámara, la eurodiputada liberal Corinne Lepage (ALDE).
"Hace cinco años que soy eurodiputada y nunca he visto una presión de los lobbies tan grande como la que he visto ahora", añadió, y admitió que si se ha aceptado el 6 %, ha sido para asegurar que el texto pasara.
Lepage afirmó, no obstante, que está "contenta" de que al menos exista un límite a los biocombutibles de primera generación, al tiempo que consideró que el resultado final es "equilibrado" y manda "una señal fuerte".
La Comisión Europea (CE) había propuesto que el límite a los biocombutibles tradicionales se fijase en el 5 %, mientras que las comisiones de Medio Ambiente y de Energía del PE habían solicitado un 5,5 % y un 6,5 %, respectivamente.
La UE tiene como objetivo para 2020 que el 10 % de toda la energía utilizada en el transporte provenga de una fuente limpia.
La CE sugería que para alcanzar ese 10 % solo se pudiese utilizar un 5 % de biocombustibles tradicionales, mientras que el restante 5 % debería conseguirse mediante biocombustibles de última generación, electricidad y otros recursos ecológicos, a los que se aplicaría un índice multiplicador que elevaría su valor a la hora de contabilizar.
"El sistema multiplicador propuesto por la Comisión no gustaba nada a la industria", reconoció en una conversación con Efe el experto de Oxfam Marc-Olivier Herman, quien explicó que en su lugar se ha propuesto una meta vinculante del 2,5 % para biocombustibles de segunda generación, fabricados con algas y algunos residuos.
La propuesta del Pleno de hoy, por tanto, -aprobada por 356 votos a favor, 327 en contra y 14 abstenciones- fija un máximo del 6 % para biocombutibles tradicionales y un mínimo del 2,5 % para biocombustibles de segunda generación; y deja el 1,5 % que falta para llegar al 10 % en 2020 abierto al uso de otras fuentes limpias.
"El resultado es una gran desilusión porque se han quedado fuera cuestiones esenciales que había respaldado la comisión de Medio Ambiente del PE", sostuvo Herman.
Herman explicó que además el Pleno ha introducido un objetivo vinculante nuevo y contradictorio, que obliga a que en 2020 el 7,5 % del combustible que se utilice en el sector de los transportes sea etanol, es decir, un biocombustible tradicional.
La Oficina Medioambiental Europea (EEB, según sus siglas en inglés) indicó en un comunicado que el límite "excesivamente generoso" apoyado por el PE obliga a los ciudadanos europeos y a los Gobiernos nacionales a seguir financiando a una industria que causa más daño que beneficio.
EEB sí consideró un logro, sin embargo, que el PE haya reconocido que la producción de biocombutibles tradicionales genera un aumento de las emisiones contaminantes y haya decidido incluir este concepto en la legislación sobre calidad del combustible, aunque lamenta que vaya a hacerlo sólo a partir de 2020 y no antes.
Greenpeace estimó "incoherente" el planteamiento del PE y criticó que por un lado reconozca que los biocombustibles clásicos son perjudiciales para el medio ambiente, y por otro, les apoyen política y financieramente.
Las organizaciones ecologistas son contrarias al uso de biocombutibles clásicos, como el etanol y el biodiésel, porque se fabrican a partir de maíz, plantas oleaginosas, soja, girasol, palma y otros cultivos.
Su fabricación va ligada, aseguran, a la deforestación y a la reconversión del uso de un terreno originalmente dedicado a la producción de cultivos para consumo humano.
Esto suele traducirse en una subida del precio de los alimentos y además genera un problema grave desde el punto de vista del cambio climático, ya que al eliminar bosques se pierde también el servicio que prestan de forma natural como sumideros de carbono (asimilan CO2 atmosférico en el proceso de fotosíntesis, con lo que ayudan a reducir las emisiones).

Muere Eiji Toyoda, expresidente de Toyota que forjó el ascenso de la empresa....

Tokio, 17 sep (EFE).- El expresidente de Toyota Motor Eiji Toyoda, conocido por forjar las fórmulas empresariales que contribuyeron al ascenso global de la compañía, falleció hoy a los 100 años en un hospital de Aichi (centro de Japón) a causa de un fallo cardíaco.
Sobrino del fundador del grupo Toyota, Sakichi Toyoda, fue director general entre 1967 y 1982, y después presidente hasta 1992.
Más tarde, ocupó hasta su fallecimiento cargos honorarios en la empresa.
Fue una figura clave en el ascenso de la compañía, hoy mayor fabricante mundial de automóviles, ya que fue el que impulsó el sistema de producción que luego sería conocido como "Método Toyota".
Este método, basado en la idea del "justo a tiempo", permitió a la compañía de Aichi alcanzar una gran eficiencia manufacturera y reducir costes al trabajar sobre pedidos ya efectuados en vez de sobre previsiones.
Con este programa, Eiji Toyoda, tío abuelo del actual presidente, Akio Toyoda, buscó potenciar la competitividad de la corporación y situarla a la altura de los gigantes estadounidenses General Motors y Ford Motor.
Toyoda, nacido el 12 de septiembre de 1913 y licenciado en ingeniería mecánica por la Universidad de Tokio, lideró el desarrollo del Crown, el primer sedán fabricado en Japón que salió al mercado en 1955, y también el del Corolla, uno de los automóviles más icónicos de la industria nipona, en los años 60.
A mediados de los 80, en plena guerra comercial entre Japón y Estados Unidos, tomó parte en la decisión de que
Toyota empezara a fabricar vehículos en EEUU por primera vez en su historia y jugó un papel importante a la hora de alcanzar un acuerdo con GM para abrir la primera fábrica conjunta en suelo estadounidense.

Inaugurada en 1984, la planta, operada en Fremont (California) por la empresa de riesgo compartido New United Motor Manufacturing, fue todo un símbolo de la cooperación entre fabricantes de vehículos estadounidenses y nipones.
Tras su cierre en 2010, motivado en parte por los esfuerzos de GM para recuperarse de la bancarrota, Tesla Motors y Toyota anunciaron un acuerdo para trabajar en el desarrollo de vehículos eléctricos en estas instalaciones, de las cuales la firma californiana pasó a ser copropietaria.
Eiji Toyoda fue incluido en el Salón de la Fama del Motor de Estados Unidos en 1994, y se convirtió así en el segundo japonés en haber recibido este honor, después del fundador Honda Motor, Soichiro Honda.

martes, 10 de septiembre de 2013

Los cenotes ofrecen a los arqueólogos una ventana a la que asomarse a los paisajes sagrados de los mayas ancestrales.

Cerca de las ruinas de la ciudad maya de Chichén Itzá, en la linde de un modesto maizal, una voz eufórica reverbera desde el fondo de un pozo. «¡Lo vi! ¡Lo vi! –grita–. ¡Sí, es verdad!» Asomado a la boca del foso, el arqueólogo subacuático Guillermo de Anda necesita asegurarse de que lo que acaba de oír es lo que lleva tantos meses esperando. «¿Qué es verdad, Arturo?» Su colega, el arqueólogo Arturo Montero, flotando en el fondo, grita de nuevo: «¡La luz cenital! ¡Funciona de verdad! ¡Baja!».
Lo que De Anda esperaba con impaciencia es que su amigo Montero verificase si el agua de aquel pozo natural, un cenote, había servido a los antiguos mayas de reloj de sol y cronómetro sagrado en los dos días concretos del año, el 23 de mayo y el 19 de julio, en que el sol alcanza su cenit, lo que significa que se sitúa sobre la vertical del lugar. En ese momento los rayos solares caen perpendiculares al suelo y no se proyecta sombra alguna. El cenote está al noroeste de la escalera principal de El Castillo (o templo de Kukulkán), la famosa pirámide central de Chichén Itzá, y dentro del recinto urbano de esa misteriosa ciudad.
¿Acaso hace siglos los sacerdotes mayas se reunían en aquel mismo pozo para observar y corregir sus mediciones del ángulo del sol cuando este llegaba al cenit, un fenómeno que solo ocurre en los trópicos? ¿Acudían al cenote en épocas de sequía para hacer ofrendas y en épocas de bonanza para agradecer una cosecha abundante? ¿Creían que en este pozo se daban cita el sol y las generosas aguas para crear vida? En torno a estas y otras pre­guntas sobre la relación del antiguo pueblo maya con sus dioses, su ciudad sagrada y su calendario –de una precisión extraordinaria– giraba la investigación de los dos arqueólogos.De Anda, uno de los grandes nombres de la arqueología subacuática, había trabajado en el cenote Holtún muy pocas veces y sin apenas financiación. Montero, de la Universidad de Tepeyac, pagaba de su bolsillo su participación en la investigación. El 23 de mayo había estado en la ciudad vecina de Mérida dirigiendo un seminario sobre arqueoastronomía en la Universidad de Yucatán, donde daba clases De Anda. Esa mañana, un día después del cenit, por fin viajaban al cenote Holtún. La expedición había empezado con mal pie: complicaciones diversas los habían retrasado y habían llegado al pozo con el tiempo justo, cuando el sol estaba a punto de alcanzar el cuasi cenit. Con pocos minutos de margen, Montero y el estudiante universitario Dante García Sedano se habían dado toda la prisa del mundo para enfundarse el traje de buzo, engancharse los arneses y descender al pozo con ayuda de unos campesinos mayas de la vecindad.
Y de repente ahí estaba Montero dando voces y gritos de alegría mientras los agricultores bajaban al pozo un bote neumático, y después, a mí. De Anda, empapado de sudor, tuvo que pelearse con el traje de buzo, pero al final también él descendió los 20 metros hasta el fondo del cenote. Los cuatro éramos probablemente las primeras personas desde hacía siglos en observar el recorrido del dios sol sobre aquellas aguas.
Después de traspasar la angosta boca del cenote, las paredes se abrían hasta formar una cúpula inmensa, similar al interior de una catedral donde las raíces de los árboles se abrían paso entre las rocas buscando el agua. Tras atravesar el orificio (de forma rectangular, probablemen­te una representación de las cuatro esquinas del universo de los mayas), el rayo de luz solar danzaba como una llamarada de fuego sobre las delicadas e intrincadas estalactitas circundantes. También la superficie del agua pareció inflamarse al contacto con la luz, y más abajo, las aguas normalmente oscuras adquirieron una espectacular transparencia de color turquesa. Los rayos solares penetraban tan cerca de la perpendicular que Montero comprendió que la víspera, en el momento del cenit absoluto, un pilar luminoso totalmente vertical habría caído a plomo en el agua. Sintió un profundo sobrecogimiento.
En las dos últimas décadas los arqueólogos han empezado a estudiar a fondo el papel que las cuevas, el sol cenital y los cenotes desempeñaron en las creencias y la cosmovisión de los antiguos mayas de Yucatán. Sabían que para los mayas estas grutas eran puertas de acceso a un mundo sobrenatural habitado por Chac, el dios de la lluvia vivificadora, pero hasta hace poco no se ha empezado a entender de qué mo­­do condicionaron su arquitectura y urbanismo.
En 2010 De Anda, que para entonces ya había buceado en decenas de cenotes, empezó a explorar Holtún invitado por Rafael Cobos, un reputado arqueólogo que se ha dedicado a investigar y cartografiar los cientos de antiguas estructuras, promontorios y pozos de la región de Chichén Itzá. De Anda también contaba con la colabora­ción del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Mientras inspeccionaba las paredes del pozo a pocos metros por debajo de la superficie del agua, su cabeza topó con un saliente. Con asombro comprobó que se trataba de una repisa natural de roca en la que había una ofrenda consistente en un cráneo humano, piezas de cerámica, el cráneo de un perro, huesos de ciervo y un cuchillo de doble filo que probablemente se usaba para sacrificios, todo colocado allí con esmero siglos atrás. Su linterna frontal reveló en las profundidades del cenote la presencia de columnas rotas, una talla de un jaguar antropomorfo y una figura similar a uno de los hombrecillos de piedra del Templo de los Guerreros de Chichén Itzá, esculpidos de tal modo que parecen sostener el cielo. Aquel pozo abierto en medio de un maizal era a todas luces un lugar sagrado.
Hoy, tres años más tarde, De Anda y Montero han descubierto no solo la relación entre el sol cenital y Holtún, sino también la influencia que al parecer tuvieron ese sol cenital y el cenote a la hora de emplazar y orientar la pirámide de El Castillo de Chichén Itzá. Ya se sabía que en el equinoccio de primavera una serpiente de luz solar desciende reptando por un lateral de la escalera central de la pirámide, un espectáculo al que todos los años asisten miles de turistas. Algunos de ellos se dan un paseo hasta el famoso Cenote Sagrado, cuya boca fue alimentada con quién sabe cuántos seres humanos y otras ofrendas durante siglos, cuando Chichén Itzá era una importante y floreciente ciudad-estado. A primera hora del 23 de mayo, el día del sol cenital, Montero había acudido a la pirámide central y descubrió que el sol, K’inich Ajaw, sale en perfecta coincidencia con la esquina nordeste de la pirámide. Horas después se pone en línea con la escalera occidental de la pirámide y el aparentemente anodino pozo de Holtún.
Para calibrar su calendario, los mayas tenían que identificar en qué días del año los rayos del sol brillaban formando una perpendicular perfecta con respecto al plano terrestre. Montero y De Anda tenían la hipótesis de que los astrónomos mayas aguardaban en el interior del pozo de Holtún los dos momentos cenitales del año, en los cuales una columna vertical de luz solar penetra en el agua sin reflejarse en la cúpula.
Para los mayas la astronomía era una actividad sagrada, como la arquitectura y el urbanismo. Ahora De Anda y Montero creen que Holtún tal vez no fuese el único cenote que determinó la ubicación de las edificaciones. El Cenote Sagrado está al norte de El Castillo. Al sur y al sudeste hay otros dos. El de Holtún, justo al noroeste de la pirámide, tal vez completase una disposición en rombo gracias a la cual el pueblo de Itzá supo dónde levantar su ciudad sagrada y qué ángulo dar a su pirámide principal. Si posteriores estudios lo confirman, quedarán claras las coordenadas clave del trazado de Chichén Itzá.
Al menos así lo espera De Anda. Pero aquel día Montero y él dieron un paso de gigante. El sol retiró sus dardos luminosos y continuó su camino sobre la faz de la Tierra, mientras los dos arqueólogos, de nuevo en la oscuridad, comentaban con entusiasmo lo que acababan de ver y su significado. «¡Un abrazo, hermano!», exclamó Montero, y ambos nadaron el uno hacia el otro para fundirse en un abrazo.
Arriba, en la superficie, los campesinos mayas sudaron la gota gorda para izar a los exploradores. A nuestro alrededor los maizales parecían pedir agua a gritos, pero el jefe de la cuadrilla, Luis Un Ken, es un optimis­ta nato. «El otro día llovió a gusto –dijo, limpián­dose el sudor de la cara–. Chac se movió.»
Para hombres como Un Ken los dioses ancestrales siguen presentes, y Chac, señor de los cenotes y las cuevas, es uno de los más importantes. En beneficio de los seres vivos, vierte desde los cielos el agua que guarda en jarras de barro en las cuevas. Es único y múltiple: cada trueno es un Chac independiente que rompe una jarra para derramar la lluvia. Cada divinidad habita un estrato diferente de la realidad, acompañada de las decenas de dioses, a veces complacientes, a veces fieros, que moran en los 13 mundos so­­brenaturales superiores y los 9 inferiores. Juntos aportaban a la vida de los mayas los sueños, visiones y pesadillas, un complejo calendario de fechas agrícolas y rituales de fertilidad, y una sólida con­ciencia de cómo deben hacerse las cosas. Chac se había movido, afirmó Un Ken, lo que significaba que la época de siembra pronto llegaría.
La ausencia de Chac puede causar a los mayas yucatecos desastres terribles, tragedias que solo se entienden cuando uno pisa la árida superficie lunar del que fuera su imperio, una enorme plataforma caliza que ha sufrido un proceso kárstico. La lluvia atraviesa el karst y se suma a los acuíferos, por lo que en la superficie no discurre ni un solo río o arroyo. (Técnicamente los cenotes son dolinas que alcanzan el nivel freático.) Desde el aire se ve una selva tupida, pero a nivel del suelo el bosque tropical es ralo: árboles altos y finos de raíces tenaces adaptadas a las bolsas de suelo que salpican el karst. Dondequiera que haya una bolsa de tierra lo bastante grande, los mayas labran un maizal o una milpa, inteligente policultivo de maíz, frijol y calabaza que constituye su fuente básica de proteínas. Pero el maíz consume muchos nutrientes del suelo. Durante miles de años los milperos han mantenido la productividad de sus minifundios quemando una zona arbolada distinta cada año y sembrando el maíz en esas fértiles cenizas. A nuestros ojos es una deforestación en toda regla, pero para los mayas es la única forma de sobrevivir.
En cuanto al riego de los cultivos… bien, ahí es donde Chac entra en escena. Para que el maíz prospere son imprescindibles las lluvias estacionales, que además deben seguir un programa terriblemente preciso: no puede llover en invierno, para que en marzo los campos y el bosque estén secos y ardan bien; a principios de mayo ha de llover un poco, para que la tierra se ablande y reciba bien la siembra; a continuación se necesita una lluvia ligera para que la simiente brote y el joven dios del maíz haga su aparición en forma de una mazorca en ciernes; finalmente se necesitan lluvias abundantes para que se dispare el crecimiento de la planta y engorden los granos del maíz maduro. Si en cualquier fase del ciclo anual se registran lluvias irregulares, habrá menos comida que llevarse a la boca.
El interrogante arqueológico, aún sin respuesta, es por qué las grandes ciudades-estado mayas de Yucatán sucumbieron una tras otra. El milagro es que sobreviviesen, alimentándose de un cereal cultivado en un entorno tan despiadado.
Pero sobrevivieron, e incluso prosperaron, a veces recogiendo cosechas abundantes y otras, como De Anda cree que ocurrió en Holtún, disponiendo ofrendas en el interior de un cenote cuando una sequía prolongada causaba un descenso del nivel freático de hasta seis metros. Con una población que se estima era de millones de personas hace mil años, los mayas del árido norte erigieron tantas ciudades, siempre junto a un cenote vivificador, que cualquiera puede toparse con unas ruinas intactas. De hecho, un par de días después del cenit, mientras seguía un camino entre milpas y bosque a varios kilómetros de Chichén Itzá acompañada del arqueólogo y espeleólogo Donald Slater, de pronto este señaló a nuestra derecha y me dijo: «Ahí lo tiene». Lo que en un principio me había parecido una zona donde el bosque se hacía más espeso, a unos 50 metros del camino, resultó ser una colina de pronunciada pendiente. Huelga decir que en la zona no hay colinas de pronunciada pendiente. Pero hay pirámides. Aquella era especialmente alta, y justo enfrente de su esquina sudoeste se abría una gran cueva.
Para los mayas la cueva sería una boca, las enormes fauces de una devoradora deidad telúrica o una de las moradas de Chac. Slater confiaba en poder demostrar su tesis de que aquella cueva era un punto sagrado de observación desde el cual recibir la llegada del sol el día en que alcanza su cenit, y que la pirámide, conocida pero no explorada en su totalidad, se había construido o al menos orientado con expresa referencia a la cueva.
Con anterioridad a nuestra visita Slater había encargado a unos campesinos mayas que despejasen de vegetación la cara oeste de la estructura para que se pudiera apreciar con claridad el recorrido del sol cenital. En la entrada de la cueva se veían los restos de una escalera rudimentaria excavada siglos atrás, quizá para que los chamanes franqueasen las aterradoras fauces de la Tierra. Slater cree que los sacerdotes solares pasaban la noche anterior al cenit ayunando, danzando y cantando al son de tambores y flautas de cerámica de dos tubos, como las que halló en la cueva, alabando al dios sol por traer una vez más el día del cenit y, con él, las lluvias.
De pie en el mismo lugar donde quizás estuvieron en su día aquellos sacerdotes, la pirámide se erguía imponente ante nosotros. Aguardamos. A las 8.07 de la mañana un gran orbe naranja asomó vacilante por detrás de la pirámide, pareció detenerse uno o dos segundos y a continuación se mostró en toda su grandiosidad cegadora al rebasar el templete superior, inundando nuestra cueva con su luz deslumbrante. Hace siglos, explicó Slater, en los dos días de sol cenital, el astro ejecutaría su danza sobre lo que ahora son las ruinas de una plataforma situada en la esquina sudoeste de la estructura.
Para los mayas, grandes observadores del cielo, las pirámides de Yucatán –muchas de las cuales están alineadas con el orto y el ocaso de los equinoccios y de los días de sol cenital– serían cronómetros cósmicos, unas estructuras en constante interacción con el firmamento. Y la interacción de K’inich Ajaw –el sol– y las aguas sagradas de Chac se verificaba en la danza de la vida de la que nacían los maizales.
A mi modesto nivel había emprendido mi propia búsqueda de Chac. Recorría la península de Yucatán en pos de los ritua­­les y las creencias de los mayas actuales que me ayudasen a comprender el vínculo con sus gloriosos ancestros. La mayoría de los mayas vive hoy en comunidades agrícolas pobres en las que estacionalmente se invoca a Chac, para ellos tan importante como antaño, en una larga plegaria de invocación a la lluvia llamada Cha Chac.
A unos 130 kilómetros al sudeste de Chichén Itzá, cerca de lo que hoy se conoce por el nombre tan glamuroso como engañoso de Riviera Maya, está la aldea de Chunpón. Pertenece a la Zona Maya, un área de designación oficial que ocupa buena parte de la península de Yucatán. Visité Chunpón acompañada de Pastor Caamal, un guía turístico independiente (independencia de la que se enorgullece) que, al igual que muchos de sus vecinos y que Luis Un Ken, es un cruzoob, esto es, que cree en la Cruz Parlante, una reliquia de la insurrección decimonónica conocida como la Guerra de Castas. Descendiente de guerreros mayas que se rebelaron y combatieron al ejército regular, sigue dedicando 15 días al año a montar guardia día y noche en el santuario de la cruz.
«Los cruzoob son básicamente los mayas que sobrevivieron», me dijo Caamal una tarde de verano mientras «volábamos» por una autopista llana de la Zona Maya hacia su ciudad natal. Exageraba un poco: la Guerra de Castas fue un movimiento estrictamente local, mientras que hay unos cinco millones de mayas viviendo en un área que abarca el tercio más meridional de México, la mayor parte de Belice y Guatemala, y el oeste de Honduras y de El Salvador. Aunque sí es cierto que en Yucatán prácticamente no quedó una población al margen del conflicto.
Pregunté a Caamal cómo conciliaba la diferencia entre el antiguo panteón maya y Jesucristo, a quien los mayas invocan a menudo. «Somos politeístas», me respondió. Lo curioso es que en la zona apenas hay iglesias o sacerdotes católicos; ese hueco lo ocupan los hmem: chamanes, sanadores y encantadores que median entre los dioses y sus necesitados adoradores.
Al verme cada vez más desesperada por saber dónde podría presenciar un ritual Cha Chac, Caamal me propuso visitar a su hmem por si supiera de alguno en perspectiva, aunque la estación ya estaba muy adelantada.
Bajo el contundente calor del mediodía hicimos una breve parada en el conjunto de cabañas de Chunpón donde vivía la familia de Caamal. En la ovalada cabaña de la cocina había una hilera de hamacas colgadas, cada una de las cuales estaba ocupada por un pariente que charlaba y se mecía tranquilamente. La madre, tan diminuta como temible, me fulminó con la mirada –yo era una «española», una no maya–, pero preparó unas tortillas y me las sirvió con carne y chiles. Más tarde preguntó con retintín a su hijo cuándo tenía pensado bajarme de su hamaca y largarme, pero las normas de hospitalidad, tan inexorables como el movimiento de los astros, exigían que me ofreciese un refrigerio.
De vuelta en la carretera nos detuvimos en el poblado de Chun-Yah, donde, como en buena parte de la Zona Maya, no ha llegado el teléfono fijo ni el móvil y la escolarización es muy rudimentaria. En su polvoriento conjunto de cabañas ovaladas techadas con paja, el mentor y hmem de Caamal, Mariano Pacheco Caamal, me recibió con una amplia sonrisa.
Don Mariano aseguró que sabía utilizar 40 plantas distintas para curar enfermedades y sanar fracturas y mordeduras de serpiente. En una ocasión en que Pastor pasaba por un momento muy delicado, don Mariano había creado un anillo invisible de fuego protector alrededor de su amigo. En sueños había averiguado qué solicitar a cada dios y qué día de la semana hacerlo. Sabía dónde encontrar las cuevas sagradas.
Don Mariano llevaba pantalones cortos y chancletas y parecía tener muy pocas pertenencias para ser un hombre de su edad y prestigio. Hablaba un español muy elemental, y dado mi total desconocimiento del maya, Pastor hubo de traducir mis preguntas de diferentes maneras hasta que eran comprendidas. Pregunté a don Mariano cómo sabía que era maya. El afable hmem me miró extrañado a través de sus gruesas gafas. «Porque somos pobres», dijo. Repetí la pregunta. «Por lo que comemos, por el color de la piel, por la estatura», fue la respuesta. Y acto seguido se le ocurrió otra mejor: «Porque aquí no hay fábricas, ni máquinas, ni humo. Por la noche tenemos paz, silencio. Por la mañana me digo: “Hoy voy a hacer tal cosa, tal otra”. Nuestro trabajo es nuestro. Cuando trabajas para los de fuera, te dicen: “Dame tu tiempo”. Pero los mayas son amos de sí mismos.»
¿Tenía conocimiento de que todavía se fuera a celebrar algún Cha Chac? Por desgracia, don Mariano solo pudo confirmar que era demasiado tarde para ello. En Chun-Yah, como en todas partes, ya había pasado la época de sembrar e invocar las lluvias. Luego tuvo la amabilidad de explicar en qué consiste una ofrenda de Cha Chac en su pequeña parcela del universo maya. Un altar o mesa de ofrendas rectangular, de menos de un metro de ancho y hecha de ramas y unas cuantas tablas, representa el mundo. Sobre ella se colocan las diversas viandas ofreci­das a Chac en un orden muy estricto, acompañadas de jícaras de balché (una bebida sagrada de fruta fermentada con la corteza del árbol ho­­mónimo) y calabazas de agua sagrada, obtenida de un cenote o cueva oculta. Este banquete especial consta de 13 barras de «pan», gruesas tortillas preparadas con 13 capas de masa de maíz en representación de los 13 estratos del mundo sobrenatural superior. El pan se envuelve en hojas de bakaalché, un arbusto de la zona, y se hornea en un pib, un hoyo excavado cerca del altar. En el centro de la mesa, en un borde, se coloca una cruz que domina sobre el conjunto.
Otra mañana de calor asfixiante, con una lluvia que no acaba de llegar, sin rastro de nubes, se celebraba en Yaxuná una ceremonia estacional tardía en honor del rezagado Chac. Yaxuná, una villa del centro de la península, está a unos 20 kilómetros al sur de Chichén Itzá. Es una zona de Yucatán en la que muchas personas dependen todavía de la milpa, lo que los convierte en angustiados súbditos de Chac. La ce­­remonia casi había concluido cuando llegué. Los vecinos y su hmem, desesperados por que lloviese, llevaban casi dos días sin descansar intentando atraer por todos los medios a Chac.
Habían hecho un largo camino a pie a través del bosque hasta llegar a una cueva secreta, a cuyas profundidades habían accedido con un precario tinglado de cuerdas para recoger el agua que requería la ceremonia. Habían erigido el altar, excavado el pib, corrido con el enorme gasto de aportar 13 gallinas cebadas para el banquete ritual, velado ante el altar mientras rezaban y bebían balché y dado forma a las torres de panes de maíz y pipas de calabaza cuyas 13 capas las mujeres tenían prohibido tocar. Los habían horneado en el pib y sacado de su lecho candente, que dejaron destapado para que el vapor se elevase directamente hacia el dios de la lluvia a modo de ofrenda.
Y después de todo eso, por fin estaba el hmem, Hipólito Puuc Tamay, rezando ante el altar a Chac, a Jesucristo, a todos los santos, a san Juan Bautista, a las fuerzas de la tierra y el cielo, y otra vez a Chac, para que la lluvia cayese sobre ellos y sobre todas las comunidades mayas de su entorno para que de ese modo todos pudiesen sobrevivir a un nuevo ciclo completo del sol. Siguiendo instrucciones del hmem, un vecino se acuclilló sobre una piedra detrás del altar y se quedó inmóvil. Solo se movía para soplar de vez en cuando en el interior de una de las calabazas en las que Chac guarda el viento. Era un simple vecino, pero también era el dios de la lluvia, y por eso tenía los ojos cerrados, para no perjudicar la ceremonia con su mirada terrible.
También estaban las ranitas, cinco niños que con timidez se agachaban al pie del altar del mundo, uno en cada esquina y otro en el centro, cuatro de ellos entonando un «hmaa, hmaa, hmaa» y el quinto, «lek lek lek lek lek», un coro de notable parecido con el canto de las ranas bajo la lluvia vespertina.
De la nada llegó un viento que acarició el claro. Un trueno rugió en la distancia azulada.
Cuando se repartía entre los hombres exhaustos el banquete ceremonial a base de pollo y pan de maíz con pipas, empezó a llover: un chaparrón estival, ligero y refrescante. Señal, dijo el hmem, de que Chac había recibido la ofrenda y se complacía con la oración de su pueblo. Quizá pronto la tierra estaría lista para la siembra.